Hay algo profundamente extraño y hermoso en compartir la vida con otra especie.
Un perro no entiende nuestras ciudades, nuestras guerras, nuestros sistemas ni nuestras obsesiones humanas. Y aun así decide caminar junto a nosotros.
Esta obra fue capturada en la Amazonía, después de horas recorriendo la selva. Las plantas adheridas a su rostro son el rastro natural de alguien que habita el mundo desde la curiosidad absoluta: oliendo, explorando, sintiendo cada fragmento del entorno sin separarse de él.
Siempre he sentido que la mirada de los animales guarda una intención distinta. Una presencia silenciosa libre de odio, ambición o máscaras sociales.
Esta pieza es un recordatorio de que quizás todavía existen formas más puras de habitar la realidad.
Parte del archivo visual de Vortex 593
Hay algo profundamente extraño y hermoso en compartir la vida con otra especie.
Un perro no entiende nuestras ciudades, nuestras guerras, nuestros sistemas ni nuestras obsesiones humanas. Y aun así decide caminar junto a nosotros.
Esta obra fue capturada en la Amazonía, después de horas recorriendo la selva. Las plantas adheridas a su rostro son el rastro natural de alguien que habita el mundo desde la curiosidad absoluta: oliendo, explorando, sintiendo cada fragmento del entorno sin separarse de él.
Siempre he sentido que la mirada de los animales guarda una intención distinta. Una presencia silenciosa libre de odio, ambición o máscaras sociales.
Esta pieza es un recordatorio de que quizás todavía existen formas más puras de habitar la realidad.
Parte del archivo visual de Vortex 593